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un videojuego delirante para los amantes de los deportes extremos y lo imposible

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Madrid
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Ubisoft no para. La desarrolladora francocanadiense, que hace apenas unas semanas ponía en los estantes ‘
Far Cry 6
‘, aprovechó los últimos estertores de octubre para hacer lo propio con ‘Riders Republic‘, título de mundo abierto en el que el jugador cuenta con la opción de practicar deportes extremos de todo tipo. Desde carreras de bicicleta que discurren por terrenos montañosos plagados de obstáculos, hasta vuelos en jetpack, en los que el usuario tendrá que tirar de pericia para no acabar estampado contra un saliente, hasta competiciones de aerodeslizadores tipo Star Wars. Todo muy demencial, vamos.

La propuesta, destinada a las claras a entretener al jugador tiene una jugabilidad arcade. Esto implica que no estamos ante un título realista, destinado a calcar la experiencia que tendríamos si, por ejemplo, fuesemos a Aspen a esquiar. Ni muchísimo menos. En ‘Riders Republic’ lo que prima es lo inverosímil y lo absurdo. Algo que, bien mirado, recuerda bastante a otras grandes propuestas de la desarrolladora, como la propia franquicia Far Cry.

El videojuego no engaña a nadie. Desde el tutorial, en el que el jugador aprende las claves para moverse por el gran mundo abierto creado por Ubisoft, quedan claras todas las modalidades que se pueden explorar durante la aventura. Y estas giran en torno a las carreras o las competiciones de habilidades en las que realizar trucos imposibles, ya sea sobre una bicicleta, una tabla de de snowboard, unos esquís o con un traje de esos de ardilla voladora que te hacen planear.

Ninguna de las competiciones resulta especialmente compleja. Básicamente, cualquiera puede enfrentarse a las pruebas y superarlas, en muchas ocasiones, sin necesidad de repetir. La exigencia, para lo básico, es bastante baja. En ABC, por ejemplo, lo hemos pasado algo peor en un primer momento con las pruebas de habilidad en las que la puntuación depende de lo buenos que sean los trucos que realicemos y lo bien que los ejecutemos. Sin embargo, todo aquello que está centrado en la velocidad es, prácticamente, un juego de niños. A no ser, repetimos, que vayamos a por todas. El título, además, permite escoger entre control automático o manual. Con el segundo, la jugabilidad, especialmente a la hora de realizar trucos correctamente, se vuelve más rica y compleja.

Cada vez que se participa en una competición, el título premia al usuario con puntos de experiencia y con un sistema de estrellas. Solo por participar en una carrera o evento recibimos una. Si se quiere conseguir más, habrá que superar algunos objetivos extra; por ejemplo, terminar la carrera en un tiempo determinado o realizar algún truco en concreto durante su desarrollo. Según se van consiguiendo estrellas, se desbloquean nuevas competiciones y extras, como vehículos o material. A esto hay que añadir los eventos en los que igual vamos disfrazados de jirafas que de dinosaurios. Los hay incluso en los que la pantalla pasa al blanco y negro. Todo con el fin de llevar la inverosimilitud (y la diversión) al extremo.

Un mapa impresionante

En las carreras hay cierto popurrí. El usuario compite con personajes controlados por la IA del videojuego y con otros reales conectados en online. Luego, también hay eventos en los que se mezclan disciplinas y grandes competiciones en las que se enfrentan cerca de 60 usuarios. Según se van superando retos, se va mejorando la calidad de los vehículos disponibles y otras ventajas, como la firma de contratos con empresas.

Como decíamos, Riders Republic se desarrolla en un mapa muy grande en el que la alta montaña es la gran protagonista. Para crearlo, la desarrolladora se basó en la geografía de los parques naturales de Estados Unidos. De este modo, podemos estar en medio de una carrera y pasar, en apenas unos segundos, de competir sobre un terreno nevado a otro completamente árido. Aunque es posible viajar rápidamente entre las distintas competiciones que pueblan el mapa, lo ideal -al menos desde nuestro punto de vista- es dedicar tiempo a perderse por el camino e ir del punto A al punto B empleando alguno de los medios que tenemos a nuestro alcance. O mejor, intercambiando, por ejemplo, los esquís y el jetpack en función de la situación en la que nos encontremos.

Esto no solo hace que el videojuego -que tiene un mapa que recuerda bastante al de propuestas como los Forza Horizon de Microsoft- gane profundidad (que lo hace), también permite ganar habilidad, practicar trucos y, en definitiva, que el usuario mejore su juego.

Un poco más de penalización

Aunque ‘Riders Republic’ es divertido, el juego está lejos de ser perfecto. Incluso llega a ser molesto por momentos. A diferencia de otras propuestas -incluso de aquellas que, como esta, ofrecen jugabilidad arcade- en ABC no hemos tenido la sensación de que penalice realmente los errores. Y nos explicamos. Las carreras son vertiginosas, por lo que es fácil que, descendiendo un cañón, por ejemplo, nos pasemos de entusiasmo y acabemos empotrados contra una pared. Si eso, ocurre no hay problema: o te levantas o rebobinas la acción. Hemos tenido carreras en las que hemos cometido numerosos errores y ni siquiera eso ha impedido que acabemos primeros.

Esto no hace que el videojuego pierda interés a nivel competitivo, porque, al final, no todo pasa por ser primero, sino por arañar el mayor número de experiencia y estrellas posible. Con todo, la experiencia seguirá evolucionando a través de actualizaciones durante los próximos meses. Esperemos que, gracias a ellas, termine resultando algo más redonda. Divertida ya es.

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