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Un grupo de capibaras invade el barrio de ricos que destruyó su hábitat, desatando una guerra de clases en Argentina

Un grupo de capibaras invade el barrio de ricos que destruyó su hábitat, desatando una guerra de clases en Argentina


Imagen para el artículo titulado Un grupo de capibaras invade el barrio de ricos que destruyó su hábitat, desatando una guerra de clases en Argentina

Foto: STRINGER / AFP (Getty Images)

En agosto, un grupo de carismáticos capibaras causó un alboroto en un barrio de ricos en Argentina, convirtiéndose en un símbolo de la lucha de clases y desatando una rebelión contra el avance inmobiliario indiscriminado.

Ocurrió en Nordelta, una urbanización cerrada del municipio de Tigre, al norte de Buenos Aires. Como otras urbanizaciones de la zona, Nordelta fue construida sobre humedales en el bajo delta del río Paraná. El humedal es el hábitat natural del capibara, conocido localmente como carpincho.

Los capibaras son los roedores más grandes del mundo: miden más de un metro de largo y pesan entre 60 y 80 kilos. Herbívoros y pacíficos, sus depredadores nativos son el jaguar, el puma, el zorro, y los gatos y perros silvestres; animales casi desaparecidos en Argentina. Si sumas a esto la destrucción de su hábitat para construir urbanizaciones de lujo o “countries”, el resultado son un montón de roedores gigantes invadiendo estos barrios privados, pisoteando sus jardines y asustando a los perros de los ricos.

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Foto: MAGALI CERVANTES / AFP (Getty Images)

¿Pero es una invasión o una reapropiación? “Los carpinchos siempre estuvieron aquí”, dijo a AFP una vecina de Nordelta. “Veíamos uno que otro de vez en cuando. Pero hace tres o cuatro meses que las constructoras fueron a por los últimos reductos que les quedan y ocurrió la estampida”. Un 40% de la superficie de Tigre son barrios cerrados.

Nordelta, propiedad del empresario Eduardo Constantini, se inauguró en el año 2000. Para darle mejor salida comercial a sus terrenos, la constructora cambió el curso del arroyo Las Tunas y construyó terraplenes que mantienen el agua de los humedales fuera de la urbanización, lo que expulsó a varias especies de animales autóctonas y ocasionó inundaciones en barrios aledaños.

Organizaciones activistas como Jóvenes Por El Clima llevan años pidiendo una ley de humedales que impida este extractivismo inmobiliario indiscriminado. El tema volvió a ponerse sobre la mesa el año pasado cuando el delta del Paraná, el segundo río más largo e importante de Sudamérica, se prendió fuego en una zona de urbanizaciones privadas de lujo en la ciudad de Rosario, pero la petición de los activistas acabó en nada. Quizá los capibaras reconvertidos en símbolo de la lucha de clases consigan que se haga algo.





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