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Tres señales reabren la carrera por encontrar el Planeta 9

Tres señales reabren la carrera por encontrar el Planeta 9


Una ilustración con el hipotético Planeta 9. Al fondo, resaltada en amarillo, la órbita de Neptuno.

En 1983, el satélite IRAS de la NASA analizó el 96% del cielo visible mediante infrarrojos de largo recorrido. Un astrónomo del Colegio Imperial de Londres llamado Michael Rowan-Robinson ha vuelto a analizar los datos de IRAS casi cuarenta años después, y ha encontrado algo que nadie había visto hasta ahora.

Rowan-Robinson ha analizado las 250.000 señales captadas por el Infrared Astronomical Satellite (IRAS) para probar una hipótesis: que los datos de infrarrojos podrían servir para triangular la posición del misterioso Planeta Nueve. Tres de ellas podrían, de hecho, pertenecer a ese hipotético objeto que los astrónomos llevan décadas persiguiendo.

El Planeta Nueve es como se conoce a un supuesto planeta de cuya existencia solo tenemos indicios muy tenues. De confirmarse su existencia, sería el noveno planeta del Sistema Solar (exceptuando a Plutón, que es el noveno por derecho propio pero cuyo estatus como planeta o planeta enano aún se discute), de ahí su nombre. La búsqueda de este planeta se remonta a 2004, fecha en la que se descubrió que la órbita del planeta enano Sedna, en los confines exteriores del Sistema Solar presentaba una anomalía que solo podía haber sido causada por un objeto mucho más grande.

Descartada la influencia de Neptuno en la órbita de Sedna, en 2014 los astrónomos Chad Trujillo y Scott Shepard propusieron la hipótesis de un noveno planeta cuya influencia gravitacional podía haber sido la causante de la anomalía en Sedna. Dos años después, otra pareja de astrónomos llamados Batygin y Brown afinaban los cálculos de sus predecesores y apuntaban a la posible existencia a un planeta entre 5 y 10 veces más masivo que la Tierra, con un radio de dos a cuatro veces mayor que el de nuestro planeta. Según su hipótesis, la órbita del Planeta Nueve describe una amplia elipse inclinada sobre el plano del resto de planetas a una distancia de entre 400 y 800 unidades astronómicas. Si esos cálculos son ciertos significa que el objeto está tan lejos del Sol (entre 13 y 26 veces la distancia de Neptuno), que tarda de 10 a 20.000 años en dar una vuelta completa alrededor de nuestra estrella.

Desde entonces, diferentes equipos de astrónomos han tratado sin éxito de obtener una observación directa del Planeta Nueve. El mayor problema es que, de existir, está tan lejos y es tan oscuro que no emite ninguna luz visible que pueda captar un telescopio. Tan solo tenemos indicios de su presencia en diferentes anomalías tanto de Sedna como de otros objetos transneptunianos. Para hacer las cosas más difíciles, incluso aunque esas anomalías permiten calcular una posible órbita, esa órbita no permite determinar su posición actual, por lo que básicamente estamos buscando un objeto negro en una enorme habitación a oscuras y ni siquiera sabemos por donde empezar a buscarlo.

Llegamos a la actualidad y al estudio realizado por Rowan-Robinson. El astrónomo británico pensó que quizá el Planeta Nueve sí sea visible en el espectro infrarrojo, así que cotejó los datos de IRAS con los de la posible orbita del objeto y encontró tres señales tomadas en junio, julio y septiembre de 1983, que encajan en esa hipótesis.

El propio astrónomo se muestra muy cauto sobre este descubrimiento, porque la calidad de los datos de IRAS no es muy buena, y la parte del espacio en la que se han hallado las señales es complicada de estudiar debido a la presencia de nubes de polvo y gas que también son detectables en el espectro infrarrojo, y que podrían ser las causantes de esas señales. Rowan-Robinson apunta también al hecho de que el Panoramic Survey Telescope and Rapid Response System (Pan-STARRS), un instrumento mucho más sensible que IRAS que lleva operando desde 2008, no ha encontrado rastro de esas señales.

El nuevo estudio calcula que, según esas señales, el Planeta Nueve estaba a solo 225 unidades astronómicas en el momento de la detección y tendrá entre tres y cinco veces la masa de la Tierra. Rowan-Robinson cree que un examen óptico en infrarrojos en un arco de cuatro grados alrededor de la posición que tenía en 1983 permitirían confirmar o descartar su hipótesis. Si las señales aparecen en exactamente la misma posición significaría que no se han movido y descartarían por completo el que se trate de un planeta. El estudio de este astrónomo acaba de publicarse en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society a la espera de su revisión. [vía Science Alert]



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