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¿Qué es lo mejor en estos momentos? ¿Comprar Bitcoin o una altcoin?



Bitcoin es la criptomoneda por excelencia. Fue la primera. Es la dominante. Y, definitivamente, es la más famosa. Ciertamente, es la más filosófica. Es decir, la comunidad Bitcoin es la que dicta la narrativa. Nadie puede negar que este es un ecosistema repleto de dogmas e ideologías. Muchos compran Bitcoin por las ideas. No obstante, muchos otros compran Bitcoin con el fin de lucrarse. Este artículo gira en torno a una tentación. ¿Cuál es el dilema? Se trata del Bitcoin de las ideas o las altcoins de las ganancias. 

Cualquiera, por supuesto, puede decir que en Bitcoin también hay muchas ganancias y que en el universo altcoin también hay muchas ideas. Obvio que aquí estamos escogiendo hablar en absolutos para un análisis más claro. Sin embargo, no todos somos iguales. Cada inversor tiene intenciones y características muy particulares. Aquí, sin embargo, vamos a centrarnos en el inversor que escoge vender Bitcoin en busca de mayores ganancias en alguna altcoin prometedora.

El Bitcoin de hoy no es tan rentable como el Bitcoin de ayer. Es decir, con el tiempo, el mercado ha crecido de tamaño. Lo que implica una mayor liquidez. Por ende, una mayor estabilidad. Claro que la estabilidad de Bitcoin es relativa. El activo todavía es sumamente inestable. Pero es más estable que antes. Y es más estable que la mayoría de las altcoins. Ahora la inversión en Bitcoin es más segura, pero menos rentable. En el pasado, el precio de Bitcoin podía incrementarse de manera explosiva en unas pocas semanas. Ahora se espera un incremento, pero más moderado. En otras palabras, nadie espera un incremento del 1000% para diciembre, por ejemplo. Este no es el caso con algunas altcoins.

Todo inversor debe hacer un estudio de sus opciones. La primera opción es conservar el capital en efectivo. Esta es la opción más segura de todas. Pero esa seguridad viene con un precio: La inflación. Si bien es cierto que la inflación del dólar o el euro no es tan elevada, siempre es un costo a considerar. La segunda opción es una cuenta de ahorro en un banco. Aquí estamos hablando de un interés muy modesto, pero, en la mayoría de los casos, lo suficiente como para contrarrestar la tasa de inflación. La tercera opción es ir al mercado de bonos. Corporativos o soberanos. Los últimos siendo más seguros que los primeros. Claro que aquí estamos hablando de bonos del Tesoro estadounidense o Bonos de la Unión Europea. En el caso de un bono argentino o un bono venezolano, el factor seguridad, definitivamente, se pondría en tela de juicio. 

Seguimos hablando de opciones. Hasta ahora, estamos hablando de incrementos (en promedio y aproximados) del -3, +3, +3, o +6. Me refiero al rendimiento de las distintas opciones: Efectivo, bancos, bonos soberanos, y bonos corporativos. Es importante resaltar que algunos de no bancos o neo bancos ofrecen tasas muy superiores a las tasas tradicionales. En la actualidad, es posible obtener tasas del 8% o 12% anuales en algunas compañías. Aquí el riesgo es variado. Todo depende de la compañía en cuestión. Si bien es cierto que hay muchos esquemas fraudulentos, también es cierto de que hay muchas compañías serias. No obstante, hay que buscarlas. 

Ahora bien, la otra opción a la mano del inversor es un instrumento de renta variable. Hablo de las acciones bursátiles. Este es obviamente un universo sumamente amplio. Si nos detenemos a estudiar a cada compañía, la cosa se vuelve muy compleja. O sea, el nivel de riesgo y rentabilidad es sumamente variado. Y todo depende de las compañías en cuestión. Aquí me limitaré a hablar del S&P 500. Este índice bursátil representa a la mayoría de las compañías y los sectores (EEUU). Comprar este índice implica un riesgo superar a la compra de bonos, pero promete una mayor rentabilidad. Estamos hablando de un incremento porcentual promedio del 10-12% anual.

Nota importante: Aquí estoy obviando mercancías, metales, coleccionables, derivados, y muchos otros activos para simplificar. Me estoy enfocado en lo básico por brevedad. Por supuesto que no puedo hablar en detalle de todos los negocios. El comercio de bienes de consumo, servicios, bienes raíces, etc. En todos estos campos, el riesgo y la oportunidad es variable. Cada quien debe hacer su tarea para saber las opciones con las que cuenta. En este artículo, estamos hablando del mundo de las inversiones. Acciones, bonos, etc. 

Seguimos. -3,-3, +3, +3, +6, +12. Estos son los números de referencia. Una leyenda de los inversores como Warren Buffett es famoso por ganarle a S&P 500 la mayoría de los años. En el caso de Warren Buffett, estamos hablando de un 20% anual en promedio. Decir que en un año crecimos un 20% no es poca cosa. Insisto. Me refiero al mundo de las inversiones. Si el año pasado, tenías USD 100 y este año tienes USD 200, eso no quiere decir que eres más inteligente que Warren Buffett. Aquí se habla de capital colocado en la inversión de activos financieros. 

La diferencia entre Bitcoin y las altcoins es el nivel de volatilidad. Es decir, el nivel de riesgo. Si comprar Bitcoin es asumir un riesgo mayor al de comprar un fondo índice (S&P 500), comprar una altcoin es asumir un riesgo superior al de comprar Bitcoin. Todo se reduce al nivel de riesgo que estamos dispuestos a tolerar. El joven ambicioso normalmente asume más riesgos que el anciano conservador. En parte, porque el joven tiene menos que perder y el anciano más que cuidar. 

El dilema entre Bitcoin y las altcoins es uno falso. No tenemos que escoger entre uno o el otro. Es posible tener ambas opciones en un portafolio diversificado. Lo importante es sopesar los riesgos y las oportunidades en el momento de asignar los montos adecuados para cada inversión. Lo sensato es asignarles más dinero a los activos más estables y seguros. Y disponer montos menores para los activos más arriesgados. En este caso, podemos ser pragmáticos y dejar a un lado las ideologías. En Bitcoin hay mucho dinero por hacer. Pero en las altcoins también. Como inversores, podemos hacer dinero en ambos mundos. El objetivo es crecer financieramente. Claro que no podemos pecar de ingenuos. Debemos entender muy bien los riesgos de cada inversión para administrar en lo posible ese riesgo. 



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