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¿Por qué la ideología es mala consejera?

¿Por qué la ideología es mala consejera?



 

El enamorado no escucha razones. Es cegado por sus pasiones, porque tiende a idealizar el objeto de su amor. Eso significa que exagera las virtudes y minimiza los defectos. En otras palabras, pierde la objetividad. De pronto, observa la realidad con un sesgo. Y se convierte en el defensor comprometido de una causa. Vende una propaganda. Adopta un credo. Y lucha por un dogma. La verdad pasa a un segundo plano y la narrativa se presenta como una realidad incuestionable. Lo que no confirma su fe, se descarta. Los deseos y las aspiraciones son el manto que todo lo cubre. Aquí quiero hablar del efecto nocivo que tienen las ideologías a la hora de tomar decisiones financieras.  

Con frecuencia me veo en el engorroso deber de hablar de política para poder separar la política de las inversiones. No es raro que las ideologías políticas se formen a partir de la desconfianza. Delineamos el formato clásico de un mundo idealizado en su versión más radical. Existe un ellos y un nosotros. Nosotros somos el pueblo. Y ellos son los poderosos. Nosotros somos los buenos. Y ellos son los malos. Ellos mienten, conspiran y engañan constantemente. Son el enemigo y nosotros somos las víctimas. Ellos son los Gobiernos, los ricos, las corporaciones, los bancos, los medios y la Reserva Federal de los Estados Unidos. Nosotros somos los ciudadanos de pie. El enemigo siempre es culpable. Nosotros siempre somos inocentes. 

Eso normalmente implica que se sataniza al enemigo y se idealiza la revolución. Por ejemplo. De la Reserva Federal solo podemos esperar cosas malas. Y de Bitcoin, la esperanza del pueblo, solo podemos esperar cosas buenas. Una de las características principales del idealista es su tendencia a la exageración. Exageraciones que relucen en la retórica. “El dólar es basura”. La Reserva Federal imprime dinero de la “nada”. Bitcoin es un “refugio seguro”. “Bitcoin fix that”. “El verdadero riesgo es no tener Bitcoin”. 

Los idealistas tienden a concentrarse en un mismo lugar. Y la repetición constante de las mismas consignas sirven de elemento unificador. Todos piensan igual. Lo que nos indica que nadie está pensando. El individuo siente la revolución, porque la ve en todos partes. Sin embargo, lo que experimenta no es universal ni mayoritario. De hecho, es una especie de delirio colectivo causado por su asociación con un nicho. Es realidad por retórica. No es realidad por observación. 

Los libertarios han formado un cuartel en torno a Bitcoin. Pero me temo que tenemos un sesgo de representación. O sea, no todos los inversores de Bitcoin son libertarios de la misma escuela de pensamiento. De hecho, la mayoría son simples inversores en busca de lucro financiero. Adicionalmente, no todos comparten las mismas desconfianzas. Me refiero específicamente a la dicotomía entre ellos y nosotros. En efecto, muchos inversores todavía confían en sus instituciones. Muchos aún creen en el dólar y en la fortaleza del mercado financiero mundial. En otras palabras, no todos comparten el mismo nivel de pesimismo contracultural. No todos son reaccionarios. 

¿Cómo lo sabemos? Debido a la observación. El idealista se apoya en los dogmas. El inversor se apoya en la evidencia. Se ve en la obligación de ser pragmático. ¿Cómo reacciona el mercado en tiempos de incertidumbre? ¿Cómo reacciona el mercado en tiempos de bonanza? En este caso, hay que dejar a un lado las exageraciones para poder obtener una lectura mucho más objetiva de la situación. Eso implica que construimos una narrativa después de estudiar la información disponible. Y la narrativa cambia en la medida que obtenemos nueva información. El idealista construye su narrativa primero y luego se dirige al mundo en busca de justificación. 

La ideología es verdad por autoridad o tradición. “Satoshi dijo”. “Milton Friedman dijo”. La realidad es verdad por observación. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué está pasando? ¿Cuál es la tendencia? ¿Cuál es el patrón? El militante lo que en realidad busca es una reforma a nivel político y social. Entonces, siempre están en campaña. Habla mal del enemigo y habla bien de su reforma. En muchos casos, se vale de mentiras blancas por el bien de la causa. Mejor dicho, se permite ciertas licencias en cuanto a la verdad para despertar el entusiasmo de las masas en favor de la revolución. Participa, con frecuencia, en juegos semánticos. Por ejemplo: “Bitcoin es el verdadero refugio seguro”. “El verdadero riesgo es tener dólares”. 

Un inversor, sin embargo, sabe perfectamente el significado financiero de la palabra “riesgo” y de la palabra “refugio seguro”. Y sabe perfectamente el comportamiento de un mercado especulativo durante una política monetaria más restringida. ¿Por qué? Porque los mercados no obedecen a las ideologías o a las aspiraciones de una ruidosa minoría. Los mercados obedecen a las realidades del momento. 

Les comparto una anécdota muy reveladora. En muchísimas oportunidades, he comentado en mis artículos que la política monetaria de los Estados Unidos tiene una gran influencia sobre el precio de los activos financieros. Bitcoin incluido. En consecuencia, varios lectores me han mencionado que les parece muy raro encontrar a un bitcoiner “keynesiano”. La primera vez que me pasó (hace varios años ya) me quedé sin palabras, porque la etiqueta me pareció totalmente fuera de lugar. ¿”Keynesiano”? La frase me evoca la guerra fría. Me recuerda a los viejos documentales de los libertarios promoviendo el patrón oro en los años 70s. Con el tiempo, me di cuenta que en un mundo altamente polarizado eres de un bando o eres del otro. Lo que quiere decir que si no hablas como un conservador radical debes pertenecer al bando enemigo. O sea, eres un “keynesiano”. Un «progre». 

Más que progresista o conservador, me veo como un inversor que vela por su portafolio. Esto me obliga a ver al mundo con la cabeza muy fría para poder tomar decisiones financieras inteligentes. ¿Quién gana? ¿Keynes o Friedman? No es mi problema. ¿Qué hacer? ¿Comprar, vender, o mantener? Ese sí es mi problema. ¿Para dónde va el mercado? ¿Cuál es el comportamiento de los inversores? He ahí el centro de mi interés. Porque mi intención no es ganar un debate político en Twitter. Mi intención es hacer crecer mi portafolio de inversiones. 

El sesgo se forma cuando idealizamos nuestro bando y satanizamos al otro. Es decir, una mente dominada por nociones preconcebidas. El inversor inteligente, por otro lado, debe ser un estudioso de las dinámicas y los procesos. Debemos ser empíricos y experimentales. O sea, grandes buscadores de la evidencia. Luego formamos nuestras hipótesis. Y así tomamos las mejores decisiones posibles. Analizamos los resultados para luego replantear. En el mundo de las inversiones, es muy útil ser escéptico. La duda es más lucrativa que la fe. Invertir es más ciencia que pasión política. Cuida tu dinero. Cuídate de las ideologías. 
 

Este es un artículo de opinión y Cointelegraph no se adhiere necesariamente a lo expresado aquí por el autor

 

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