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No hay vida en el meteorito más famoso de Marte

No hay vida en el meteorito más famoso de Marte


Detalle microscópico de las estructuras de apariencia orgánica que han fascinado a los científicos durante décadas.

Detalle microscópico de las estructuras de apariencia orgánica que han fascinado a los científicos durante décadas.
Foto: NASA / JSC / Stanford University

Puede que el nombre de ALH84001 no te suene de mucho, pero es casi una leyenda entre el poco más de un centenar de rocas provenientes de Marte que han llegado (por sí solas) a la Tierra. Una de las razones que lo hacen tan fascinante es que entre su composición, los científicos encontraron trazas de carbono orgánico, un indicio de vida.

ALH84001, más conocido como el meteorito de Alan Hills, fue descubierto casualmente en 1984, durante una expedición con motos de nieve en el campo de hielo de Alan Hills, en la Antártida. Años después, el estudio publicado en Science con el hallazgo de las moléculas orgánicas provocó un considerable debate porque sus autores interpretaban estas trazas como restos de microbios fosilizados, lo que confirmaba sin lugar a dudas la existencia de vida extraterrestre en Marte. Hasta el en aquel entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, comentó el tema en una rueda de prensa.

Desde el descubrimiento de ALH84001 y su posterior estudio, el fragmento de roca procedente de Marte ha pasado por numerosos investigadores que han tratado de determinar sin lugar a dudas la procedencia de las moléculas orgánicas en su composición. Ninguno tuvo éxito hasta ahora. Un nuevo estudio publicado también en Science por fin ha logrado arrojar luz sobre los procesos que han creado estas moléculas orgánicas y la mala noticia es que no tienen nada que ver con vida extraterrestre.

Los investigadores tuvieron acceso a una muestra del meteorito cedida por el Centro Espacial Johnson de la NASA. Gracias a esa cesión pudieron examinar los diminutos glóbulos orgánicos mediante un amplio abanico de técnicas modernas que incluyen microscopía a escala nanométrica, análisis de isótopos y espectroscopía para analizar su composición completa. Para no cerrarse a una sola hipótesis, los investigadores tomaron en consideración la mencionada posible acción de antiguos microorganismos, la contaminación terrestre y la formación por procesos geológicos tanto ígneos e hidrotermales en su Marte natal como por el impacto cuando el meteorito llegó a la Tierra.

El meteorito marciano ALH84001 .

El meteorito marciano ALH84001 .
Foto: NASA / JSC / Stanford University

El resultado del estudio es que las moléculas orgánicas de la roca son el resultado de dos procesos geológicos llamados serpentinización y carbonación. Ambos fenómenos se dan también en la Tierra y no tienen nada que ver con formas de vida, sino con procesos químicos que suceden en la roca cuando esta entra en contacto con agua. La serpentinización ocurre cuando rocas ígneas (provenientes de lava solidificada) ricas en hierro o magnesio entran en contacto con agua y generan hidrógeno. La carbonación tiene lugar cuando la roca entra en contacto con agua ligeramente ácida en la que hay disuelto dióxido de carbono, lo que provoca la formación de carbonatos. Esos mismos procesos geológicos se han detectado mediante las sondas que orbitan el planeta rojo.

Todo lo que hace falta es un lago de agua acidificada con dióxido de carbono que se vaya filtrando sobre un sustrato de roca ígnea”, explica el astrobiólogo del Centro Carnegie para la Ciencia Andrew Steele. Si embargo, Steele no quere quitar peso a la posibilidad de que haya habido algún tipo de vida en Marte en algún momento y recalca el hecho de que este tipo de condiciones geológicas son idóneas para la aparición de vida.

“Este tipo de interacciones geológicas de tipo no biológico son responsables de la formación de una piscina de compuestos de carbono sobre los que que la vida podría haberse formado. Como tal, representan una señal de fondo que debe ser tomada en consideración cuando se busquen evidencias de vida pasada en Marte!, añade.

En la Tierra, estos procesos geológicos fueron el caldo de cultivo que hizo posible la aparición de organismos abióticos y la generación de metano en la atmósfera. De momento, seguimos sin encontrar vida, pero el círculo se cierra cada vez más. [Eurekalert vía Science Alert]



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