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La falta de valor intrínseco es una fortaleza. ¿Por qué?

La falta de valor intrínseco es una fortaleza. ¿Por qué?



Los críticos de Bitcoin afirman que la falta de valor intrínseco es su pecado mortal. Es decir, Bitcoin es un cascarón vacío. Ante el ataque surge una defensa automática en forma de negación. O sea, los defensores de Bitcoin normalmente se indignan ante dicha acusación, argumentando que, de hecho, Bitcoin sí tiene valor intrínseco. Bueno, el asunto es que este debate por lo general no llega nada, porque se convierte en demasiado visceral para servir de algo. ¿Qué es tener valor intrínseco? ¿Acaso es malo no tenerlo? ¿Qué pasa si Bitcoin en realidad no tiene valor intrínseco, pero ese es precisamente su principal atractivo? 

Se dice que el valor intrínseco de algo es su valor fundamental, independiente de su valor de mercado. El valor intrínseco de un negocio, por ejemplo, hace referencia a sus activos y a su producción. Una granja produce alimentos. Una panadería produce pan. Una fábrica produce productos. Un inmueble ofrece hospedaje. Un automóvil ofrece transporte. La producción de bienes y servicios se vincula con la necesidad. El ser humano necesita cosas para poder vivir.  Comida, techo, transporte, salud, entretenimiento, etc. La economía es básicamente eso. La actividad de producir lo que necesitamos. 

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Analizamos un artículo común. Digamos una manzana. Una manzana tiene un valor de uso, porque sirve un propósito práctico. Es decir, es comida y nos alimenta. Una manzana cuenta con nutrientes que ayudan al funcionamiento de nuestro cuerpo. Claro que una manzana también cuenta con un valor de intercambio. O sea, nos podemos comer la manzana. Pero también la podemos vender. Supongamos que tenemos una manzana. Y nos ofrecen mil dólares por ella. En ese caso, sería una muy buena idea venderla, porque con mil dólares podemos comprar bastante comida. En el caso que no tengamos un comprador para nuestra manzana. Lo mejor sería comérsela. Determinar el valor intrínseco de algo es importante desde el punto de vista financiero, porque nos ayuda a estimar el valor de intercambio. 

Siguiendo con el ejemplo de la manzana. Si se ofrece a la venta una manzana en mil dólares, una analista podría decir que el artículo está sobrevalorado. Uno podría decir que dicha valoración carece de fundamentales. O sea, no hay valor intrínseco suficiente para justificar esa valoración. Si hablamos de un negocio, podríamos estar hablando de sus ingresos. Una compañía sin activos, ventas ni ingresos carece de fundamentales. Se asume que su precio de mercado será bastante bajo. Si, por lo contrario, la compañía se cotiza a un precio elevado, una analista podría decir que hay una sobrevaloración por el simple hecho de carecer de fundamentales. O sea, no hay valor intrínseco. 

Claro que hay artículos atípicos. Es decir, hay artículos algo peculiares en lo que a su valor se refiere. Un cepillo de dientes (usado), por ejemplo, cuenta con bastante valor de uso, pero nulo valor de intercambio. En este caso en particular, su elevado valor intrínseco no es sinónimo de un elevado valor de intercambio. El artículo en sí es sumamente útil para el usuario. Sin embargo, no es un artículo para el intercambio comercial. Por otro lado, hay artículos que carecen de valor de uso, pero sí poseen un valor de intercambio. El dinero es el ejemplo de esto por excelencia. El dinero en sí no sirve de nada. El dinero no se come. No se usa. No satisface ninguna necesidad básica. No tiene valor intrínseco. Para un Robinson Crusoe no sería de ninguna utilidad. El dinero es útil solo como medio de intercambio. 

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Para un ermitaño o un náufrago, el dinero no sirve de nada. Porque el dinero es un instrumento social. Esencialmente, es una abstracción. Es una especie de idioma que organiza. El precursor prehistórico del dinero es el favor. Es decir, la reciprocidad informal de las economías de regalo primitivas. Yo te ayudo, tú me ayudas. Y compartimos el botín entre todos. Bueno, el dinero es la versión impersonal de dicha reciprocidad. Es el favor hecho contrato. Un pacto social. Un acuerdo. 

Si hablamos del valor intrínseco del dólar, tendríamos que recurrir a lo intangible. El poder del Gobierno estadounidense. Su credibilidad en el mundo. La confiabilidad de sus instituciones. Claro que también mencionaríamos algo sumamente importante. El tamaño de su red. En otras palabras, haríamos referencia al número de usuarios. Hablaríamos del comercio mundial, de las reservas internacionales de los países, etc. O sea, el valor intrínseco de algo que no tiene valor intrínseco es su reconocimiento social. 

¿Cuál es la diferencia entre un idioma popular y una lengua muerta?: El número de usuarios. Los idiomas son sistemas simbólicos. No cuentan con valor intrínseco per se. Su importancia yace en su uso. Su relevancia se relaciona al número de usuarios. Es decir, a las personas suscritas a ese pacto social en particular. Las personas que reconocen ese sistema de códigos llamado “español” forman una comunidad de entendimiento. En esa unidad social, surge la fortaleza de un idioma. 

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Bitcoin, al carecer de valor intrínseco, deriva su «valor intrínseco» de su comunidad. Bitcoin es un código. Y los bitcoiners le han otorgado un valor monetario a ese código. Es un acuerdo. Un gran pacto social. Claro que se trata de un acuerdo ciudadano. La comunidad ha surgido de manera espontánea y voluntaria, no debido al decreto de ningún gobierno. Los usuarios reconocen su valor. Bien sabemos que el código como tal no vale nada. El código no es lo más importante. Lo valioso es lo que el código representa. En esa representación, está el valor de Bitcoin. Todos sabemos que hay una comunidad de reconocimiento mutuo detrás de cada Bitcoin. 

Toda abstracción sigue una lógica circular. A su vez, toda abstracción es una paradoja. Bitcoin vale, porque creemos que vale. Suena como el delirio de un esquizofrénico. Pero el pensamiento abstracto es lo que nos separa de los animales. Los críticos de Bitcoin que solo ven un código sin valor intrínseco carecen de imaginación. Piensan que están analizando una compañía. No es el código, idiota. Es el acuerdo social que el código representa. Todos los bitcoiners tenemos un pacto: Aceptamos Bitcoin como medio de intercambio. El precio va en aumento, porque la comunidad de aceptación va en aumento. Nadie compra Bitcoin por su valor intrínseco. Todos compramos Bitcoin por su valor de intercambio. Su valor de intercambio aumenta gracias a su comunidad. He ahí la fuerza de Bitcoin. 

 



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