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Hay enormes objetos ocultos en la estela del cometa Encke

Hay enormes objetos ocultos en la estela del cometa Encke


Ilustración del cometa Encke renderizada en Celestia

El cometa Encke es un habitual del Sistema Solar. Nos visita cada 3,3 años a una distancia de 0,173 unidades astronómicas (casi 26 millones de km). Sin embargo, Encke es también el origen de dos lluvias de meteoros llamadas las Táuridas. Un nuevo estudio revela que no son tan inofensivas como se cree.

Las Táuridas son dos lluvias de meteoritos que tienen su origen precisamente en el cometa Encke. Cada año, entre el 10 de septiembre y el 20 de noviembre, la Tierra atraviesa una región del espacio ocupada por una estela de fragmentos del cometa que también orbitan el Sol. Son las Táuridas del Norte. Un poco más tarde, entre el 20 de octubre y el 10 de diciembre, atravesamos otra estela de partículas proveniente de 2004TG10, otro cometa que se cree que es un fragmento asociado a Encke. Son las Táuridas del Sur.

Normalmente las Táuridas dejan un espectáculo de estrellas fugaces, pero ocasionalmente la Tierra choca con fragmentos más grandes que atraviesan nuestra atmósfera en forma de bolas de fuego. En 1995, uno de estos bólidos atravesó el cielo sobre Polonia. Por su brillo se cree que tenía alrededor de un metro de diámetro y 900 kilos de peso. Los bólidos de las Táuridas son vistos a veces sobrevolando diferentes lugares del planeta.

Un bólido de las Táuridas del Norte captado desde Noruega en diciembre de 2020.

La cuestión es que durante años se ha sospechado que la nube de las Táuridas oculta algo más que fino material para fuegos artificiales espaciales. En 1978, astrónomo checoslovaco L’ubor Kresák analizó la trayectoria, velocidad y características de una conocida bola de fuego que impactó sobre la Tierra y llegó a la conclusión de que su origen era precisamente las Táuridas.

Esa bola de fuego fue la que arrasó Tunguska en 1908.

En 1984, el astrónomo William Napier y el astrofísico Victor Clube descubrieron media docena de asteroides de más de un kilómetro orbitando en la estela de las Táuridas. Esos asteroides son demasiado grandes como para ser fragmentos del cometa, así que Napier y Clube mantenían la hipótesis de que tanto Encke como todos los asteroides que lo acompañan y las propias Táuridas son en realidad fragmentos de un mismo objeto, un descomunal cometa de unos 100km de anchura que penetró en nuestro Sistema Solar hace alrededor de 20.000 años.

La hipótesis es compartida por Richard Firestone, investigador del laboratorio nacional de Berkeley. Firestone publicó un artículo en 2007 en el que vinculaba las Táuridas con el impacto de un meteorito que ocasionó una pequeña era glacial conocida como el enfriamiento de Dryas, hace 12.900 años. Esa etapa no solo acabó con buena parte de la megafauna de la época, sino que borró del mapa a la cultura Clovis, una civilización del Pleistoceno de la que aún quedan restos en el continente americano, particularmente en Nuevo México. En 2020, un equipo de científicos entre los que se encuentra el propio Napier aseguró haber encontrado restos de impacto que se remontan al enfriamiento Dryas.

Todo esto nos lleva al estudio recién publicado. Usando una técnica conocida como Análisis de curva de luz secular, dos investigadores llamados Ignacio Ferrín y Vincenzo Orofino han catalogado 88 nuevos objetos que forman parte del complejo de las Táuridas. El 67% de esos objetos muestran actividad cometaria. En otras palabras, son pequeños cometas de un tamaño lo bastante grande no solo como para ser detectados desde la Tierra, sino como para causarnos serios problemas si nos topamos con uno de ellos al atravesar la estela de las Táuridas. El descubrimiento aporta nuevo peso a la hipótesis de que tanto Encke como 2004TG10 y el resto de cometas de estas nubes son restos de un cometa mayor. Se da la circunstancia de que hace solo unos días pudimos concretar el tamaño y la órbita de otro cometa llamado 2014 UN271 Bernardinelli-Bernstein, una colosal bola de hielo y roca de 150 kilómetros de diámetro. Es el cometa más grande detectado hasta ahora.

oncepción artística del cometa C/2014 UN271,

oncepción artística del cometa C/2014 UN271,
Imagen: Bernardinelli-Bernstein (NOIRLab/NSF/AURA/J. da Silva/Spaceengine)

En principio, 2014 UN271 Bernardinelli-Bernstein no pasará cerca de la Tierra, pero muy bien podría acabar fragmentándose en su camino por el sistema Solar como lo hizo el otro cometa hace 20.000 años y generar nuevas nubes de material que nos traigan algo más que inofensivas lluvias de meteoritos. En cuanto a las Táuridas, cada vez hay más indicios de que son estelas de material que haríamos bien en tener más vigiladas por su abundancia en objetos grandes. Se calcula que el que impactó en Tunguska tenía “solo” entre 50 y 60 metros y aún así devastó una zona de 2.150 kilómetros cuadrados que, por suerte, estaba casi deshabitada. Ferrin cree que el famoso meteorito de Chelyabinsk que sembró el caos en Rusia en 2013 podría ser también un fragmento menor de las Táuridas. Los astrónomos David Asher y Kiyoshi Izumi llevan años rastreando las Táuridas y apuntan dos fechas en las que la Tierra pasará por la zona más poblada de esa nube: 2032 y 2036. [Science Direct vía Discovery]



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