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Fantasía y realidad en el mercado de las criptomonedas



¿Cómo se realiza el avalúo de un activo? Todo depende del tipo de activo. Para hacer un avalúo objetivo debe existir algún tipo de metodología. La fe es un elemento siempre presente. Pero me temo que no es suficiente. La “corazonada” es demasiado subjetiva. Debemos recordar que el espacio cripto es sumamente especulativo. Lo que implica que la codicia hace acto de presencia en casi todo. Es decir, la codicia siempre lleva al fanatismo y al pensamiento ilusorio. ¿Cómo separamos la fantasía de la realidad para poder tomar decisiones financieras acertadas? 

Lo que un inversor normalmente busca es comprar activos infravalorados. Eso, por lo general, significa que el valor intrínseco de un activo es inferior a su precio de mercado. Si el objetivo es el consumo, esto significa que se está obteniendo más por menos. Si el objetivo es la inversión, esa compra se hace sobre la fe de que el mercado eventualmente corregirá su error. 

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Digamos a modo de ejemplo que pensamos comprar una granja. La granja nos ofrece aire, tierra, espacio, infraestructura, y productos. Todos estos activos que en conjunto llamamos “La granja” poseen un valor intrínseco. Me refiero a un valor de uso. Si lo que queremos es disfrutar de la naturaleza y volver a la tierra, esta granja puede ofrecer un hogar. En este caso, el valor es subjetivo, porque entramos al tema de los gustos personales. Es decir, si nos enamoramos del lugar, su valor yace en nuestro corazón. 

Ahora bien, si la granja, por otro lado, la queremos convertir en un negocio rentable, tendríamos que analizar la capacidad de la granja para producir. Podemos hacer un avalúo de todos los activos usando referencias. Esta es la parte más sencilla. Porque básicamente es hacer un inventario de todo, añadir el precio de mercado de cada cosa y luego sumar. Pero el tema de los ingresos por producción es más complicado. La opción más sensata es hacer un estudio del pasado. O sea, revisar los libros y ver los ingresos de los últimos años. Lo ideal sería recuperar la inversión en poco tiempo con los ingresos generados por la propia granja. Esto, en finanzas, de un modo muy general, es lo que podría llamarse un análisis fundamental. O avalúo en valor. Esta es la escuela de Ben Graham y Warren Buffett

El análisis fundamental es muy usado para el análisis de negocios productivos. Los ingresos, los activos, y el precio de mercado son las variables a considerar. No obstante, el análisis fundamental no aplica mucho en el mercado de las mercancías. La soya es un artículo de consumo. Tiene un valor de uso. Porque es un alimento. Pero no es un activo productivo como tal. O sea, no genera dividendos. Su precio se determina por la oferta y la demanda. La mejor manera de hacer un avalúo es hacer un estudio del suministro total y la demanda probable. Las materias primeras se estudian de esta forma. 

Hablamos un poco del mercado de los bienes raíces. Nuestra casa en realidad es un pasivo, porque nos genera gastos más que ingresos. Pero no es un problema. Porque tener un techo es una necesidad. O sea, valor de uso. Ahora bien, si compramos un inmueble para vivir de una renta, el precio de los alquileres se vuelve relevante a la hora de realizar una compra. En este caso, haríamos un análisis fundamental. Precio del inmueble, los precios de los alquileres y otros gastos, y luego hacemos una proyección del tiempo necesario para recuperar la inversión. 

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Ahora pensamos que nuestro objetivo no es alquilar. Supongamos que nuestro objetivo es la especulación. Con “especulación”, me refiero a comprar barato para luego obtener una ganancia vendiendo caro. En este caso, debemos hacer un estudio de la oferta (construcciones, etc) y demanda (demografía, poder adquisitivo, etc.). Lo que implica que los bienes inmuebles se pueden estudiar como negocios o como mercancías. 

¿Cómo hacemos el avalúo de “un coleccionable”? Me refiero a ese objeto que no es mercancía ni negocio. No tiene valor de uso. No es un activo productivo. No obstante, posee valor monetario. Por ejemplo, una estampilla de colección. En este caso, lo trataremos como una mercancía. Suministro y comunidad es el nuevo fundamental. Pero aquí es cuando se nos complica el asunto. ¿Cómo hacemos el avalúo de la obra de un artista desconocido? Según algunos conocedores del tema, su obra tiene potencial, pero todavía no ha despertado el interés de los coleccionistas. En estos casos, se hace un avalúo sobre la promesa. El fundamental es el potencial.

En el caso de un negocio, este fenómeno normalmente se llama “compra sobre crecimiento”. No podemos depender del pasado. Porque en el caso de estos negocios en “crecimiento” el pasado rara vez registra ganancias. Elon Musk, por ejemplo, es el rey de las promesas. Tesla no es grande en ganancias, pero es rica en proyecciones futuras. Entonces, con Toyota hacemos un análisis fundamental. Y con Tesla hacemos un análisis de crecimiento. El sector crecimiento es mucho más especulativo y dinámico que el sector valor, precisamente porque el sector crecimiento estimula más la imaginación. Las utopías son perfectas mientras se mantengan irrealizadas. Una vez que las utopías se convierten en realidad, comienzan los problemas. 

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Para el criptoinversor es de suma importancia saber distinguir entre lo real y el “hype”. Una cosa es demostrar y otra muy distinta es prometer. La diferencia entre Ethereum y EOS. Por mencionar un ejemplo. Las preguntas: ¿Tu proyecto tiene aplicaciones estrellas? ¿Tiene usuarios activos y comprometidos? ¿Tiene infraestructura? ¿Tiene una legión de desarrolladores? ¿Tiene tiempo produciendo resultados? ¿Se construye sobre su red? Si la única validación es una promesa, tus aspiraciones son bastante especulativas. El precio sube, porque la codicia es alta y hay mucha liquidez en circulación. Pero código y precio no son suficientes. 

Los fundamentales de una criptomoneda son su comunidad. Pero “comunidad” en el sentido más amplio de la palabra. Aquí no estoy hablando de traders especulando con el precio. Me refiero a usuarios activos y comprometidos con el protocolo o de las aplicaciones construidas sobre ese protocolo. Una moda especulativa no es una promesa confiable. Podemos invertir apostando al crecimiento. Pero debemos estar claros. Los hechos tienen más fuerza que las promesas. Cualquiera nos puede prometer un futuro brillante. Es posible que se dé. Pero también es posible que no se dé. En este mundo, hay mucho charlatán. Y, en este mundo, no todo tiene éxito. Importante: Aprendamos a identificar muy bien cuando un proyecto es más promesa que realidad.



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