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Estos investigadores del MIT trabajan en un método para hablar con las arañas

Estos investigadores del MIT trabajan en un método para hablar con las arañas


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Imagen: Markus Buehler

Es de sobra conocido que los arácnidos usan sus intrincadas redes para atrapar insectos, y que navegan a través de esta compleja estructura siguiendo las vibraciones que perciben a través de los pelos de sus patas. Ahora, un equipo de investigadores del MIT asegura que han traducido esas vibraciones en tonos musicales. Es más, plantean la posibilidad de comunicarse algún día con las arañas, utilizando su mundo vibratorio como medio para el lenguaje.

El equipo presentó su investigación ayer en la American Chemical Society. Para descubrir los sonidos que hace una telaraña, llevaron un espécimen a su laboratorio y escanearon con láser su telaraña.

“Las arañas viven en este universo vibratorio… viven en este mundo de vibraciones y frecuencias, al que ahora podemos acceder”, explicaba el coautor del artículo Markus Buehler, científico de materiales del MIT. “Una de las cosas que podemos hacer con este enfoque es que, por primera vez, podemos comenzar a experimentar el mundo como lo hace la araña”.

Buehler también es músico, y combina habitualmente su conocimiento de la ciencia computacional con la composición, creando música a partir de procesos del mundo natural. El proyecto de la telaraña es más grande (literalmente) que su trabajo anterior, en el que se centró en traducir proteínas a composiciones musicales. En uno de sus últimos proyectos convirtió en sonido una proteína clave del nuevo coronavirus. Muchas de estas interpretaciones musicales del mundo están en la cuenta de Soundcloud de Buehler. Buehler y su equipo se encargan de trasladar estas frecuencias a nuestro rango audible. El artista Tomás Saraceno digitalizó las telarañas en 3D, convirtiéndolas en una visualización que revela su verdadera complejidad.

“A contrario que en las proteínas, donde tenemos que seguir las leyes de la mecánica cuántica, una telaraña sigue la mecánica newtoniana”, dijo Buehler. “Podemos usar las mismas ecuaciones que usamos para una cuerda de guitarra. Las propiedades del material son diferentes, pero esencialmente es la misma ecuación para la propia vibración.

Después de haber sido trazada en tres dimensiones, la telaraña parece la imagen espectral de una nebulosa. El equipo atribuyó frecuencias de sonido específicas a cada una de las hebras de la red, de la misma manera que el tono de una cuerda de guitarra aumenta cuanto más corta sea la cuerda. Hicieron sus escaneos mientras la araña construía la telaraña, arrojando luz sobre cómo las vibraciones que la araña detecta van adquiriendo diferentes tonos y timbres con el tiempo.

Una imagen superpuesta de las diferentes partes de la telaraña del laboratorio.

Una imagen superpuesta de las diferentes partes de la telaraña del laboratorio.
Imagen: Markus Buehler

Los investigadores fueron un paso más allá a la hora de producir el paisaje sonoro de la telaraña. El equipo ha creado un programa de realidad virtual en el que un espectador actúa como si fuese la araña y donde es posible tocar cada hebra de la telaraña y así escuchar cómo suena cada sonido.

Al interactuar con la telaraña, los investigadores aislaban el sonido proveniente de una parte de ella. De lo contrario, dijo Buehler, el sonido sería una cacofonía para el oído humano. Dependiendo de tu perspectiva, el sonido de la telaraña puede variar.

No es nuestro idioma musical nativo, aunque se parece al comienzo de “Me and Your Mama” de Childish Gambino. Para una araña, estos sonidos son la clave de su supervivencia, ya que pueden escuchar el impacto de una presa sobre la telaraña o sentir la llamada de un pretendiente con el que reproducirse.

La intención de los investigadores a largo plazo es poder comunicarse con una araña a través de su telaraña, dijo Buehler. Para comenzar este proceso, los investigadores “jugarán” con la red de manera que esta provoque una respuesta sobre su residente. En el futuro, imitar la conversación de otra araña podría allanar el camino para nuestra comunicación con los arácnidos.

“Las arañas son silenciosas y la telaraña en sí también es algo que no solemos asociar con sonido”, dijo Buehler. “Estamos tratando de darle voz a la araña… para que tal vez algún día podamos tener una pequeña charla juntos”.



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