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El Propulsor Bussard espacial es imposible

El Propulsor Bussard espacial es imposible


Ilustración de una nave propulsada por un estatorreactor de Bussard.

Ilustración de una nave propulsada por un estatorreactor de Bussard.
Ilustración: NASA / Dominio Público

El estatoreactor Bussard es uno de los propulsores espaciales más célebres de la ciencia-ficción. Aparece en numerosas novelas de ciencia-ficción como Tau Zero y hasta se menciona en Star Trek. Lamentablemente, un reciente estudio confirma que no es viable ni siquiera aplicando las modificaciones más recientes.

Si recuerdas nuestro repaso a los propulsores espaciales más importantes, sabrás que el estatoreactor Bussard no es más que la versión espacial de un ramjet, que es un propulsor atmosférico que emplea la propia velocidad de la aeronave para comprimir el aire que entra en los motores. El propulsor, por así decirlo, se alimenta del propio aire, aunque necesita de un motor auxiliar con el que alcanzar la velocidad adecuada a la que comenzar a funcionar.

En el espacio no hay aire, pero, sí que hay algún que otro átomo de hidrógeno ionizado. En 1960, ese hidrógeno llevó al físico nuclear estadounidense Robert Bussard a teorizar sobre un posible motor que captara ese hidrógeno y lo comprimiera para alimentar un propulsor de fusión capaz de alcanzar velocidades muy superiores a las de los propulsores espaciales actuales.

Había nacido el Propulsor Bussard o Bussard Ramjet. El problema de este estatoreactor espacial es que en el vacío interestelar hay tan poco hidrógeno que se calcula que el “colador” necesario para recolectarlo debería ser del tamaño de un planeta enano (miles de kilómetros de diámetro). Recientes cálculos hechos por el ingeniero aeroespacial Robert Zubrin también apuntan a que incluso con la poca materia que hay en el espacio, la resistencia de las partículas contra un paraguas de semejante tamaño anularían el impulso del motor de fusión.

En 1969, otro investigador llamado John F. Fishback propuso solventar el problema del paraguas delantero empleando imanes que generaran un campo magnético capaz de captar el hidrógeno como una red invisible sin necesidad de recurrir a estructuras físicas enormes. La solución de Fishback es precisamente la que han tratado de probar Peter Schattschneider y Albert Jackson, dos investigadores expertos precisamente en calcular campos electromagnéticos para microscopía de electrones.

El nuevo estudio de Schattschneider y Jackson acaba de ser publicado en Acta Astronautica y trae malas noticias para los que soñaban con enormes naves espaciales con paraguas capaces de captar hidrógeno para alcanzar velocidades relativistas. Las ecuaciones de Fishback no son correctas en el sentido de que incluso con la idea de los campos magnéticos, el tamaño de las estructuras necesarias para generar esos campos es sencillamente inviable.

Los autores han partido de un propulsor de fusión capaz de alcanzar una velocidad del doble de la del Transbordador espacial. Incluso con una velocidad tan modesta, las bobinas magnéticas necesarias para recoger el hidrógeno suficiente deberían tener un diámetro de 4.000km, algo que definitivamente no es práctico ni de construir ni de mantener. [Science Direct vía Ars Technica]



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