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El boom de los asistentes digitales en casa: tus deseos son órdenes

El boom de los asistentes digitales en casa: tus deseos son órdenes


El primer asistente virtual por voz y con dispositivo propio nació en 2014 de la mano de Amazon. Era la primera vez que uno de estos altavoces inteligentes (Intelligent Personal Assistant o IPA) tenía ‘cuerpo’ propio. Ya no solo respondían a las preguntas de los usuarios desde tabletas o teléfonos inteligentes: la nueva apuesta se enfocó al hogar. Estos ‘juguetes’ lo mismo buscan una receta que ponen tu canción favorita. Después del confinamiento, la demanda
se ha disparado
: solo el año pasado se vendieron en todo el mundo 126 millones y medio de altavoces, según Statista.

«Ahora parece que solo
Amazon
o Google tienen algo que decir en la asistencia de voz, pero en otros mercados, como el chino, la gente ya está muy acostumbrada a usar la voz para todo, y surgirán más empresas», anticipa el experto en tecnologías de voz y marketing Roberto Carreras, fundador de la consultora Voikers.

El año del despegue fue 2017, según este experto. A partir de ahí, los
asistentes
ya podían entender el 95 por ciento de lo que se les decía, al menos en inglés. Un porcentaje de comprensión muy similar al de una persona, que saca ese otro 5 por ciento del contexto. Las mejoras de inteligencia artificial (IA) y al aumento de la capacidad de la nube también impulsaron su crecimiento, según el fundador de Voikers. «Ha sido la tecnología con mayor penetración de la historia en Estados Unidos, ni el teléfono inteligente consiguió llegar tan rápido a la mitad de la población».

En España, el 19 por ciento de sus usuarios han comenzado a interactuar con ellos o ha incrementado su uso a raíz de la pandemia, detalla un estudio realizado por Soluciones Estratégicas de Investigación de Mercados (SEIM) y Prodigioso Volcán. Además, más de la mitad de la población ya usa asistentes de voz, según el mismo trabajo, que cifra en un 56,6 por ciento a los usuarios de asistentes en 2020, seis puntos más que el año anterior.

Eso sí, la implantación de los altavoces varía mucho de un país a otro: Kantar Media repasaba números en abril del año pasado para cuantificar que solo cinco de cada cien hogares en España usaban un altavoz, mientras que en Estados Unidos se llegaba al 15 por ciento de ellos.

A vueltas con la privacidad

Pese a la fascinación que generan, también se han observado «muchas reticencias», reconoce Ruth García Ruiz, técnico del Instituto Nacional de Ciberseguridad (Incibe). La más común: la preocupación por la privacidad. «No es que los altavoces nos ‘espíen’», aclara. «Tendemos a echarle la culpa a las empresas, pero casi siempre podemos cambiar su configuración. Simplemente, muchos usuarios no se plantean los riesgos de conectarlos sin más, o no entienden que algunas funcionalidades sean posibles gracias a datos», reflexiona la experta como respuesta al temor orwelliano de tener al intruso en casa. Conocer mejor los entresijos de cada dispositivo puede ser la solución, destaca Carreras.

Con todo, existen estafas y delitos cibernéticos que utilizan similitudes fonéticas (voces parecidas), ondas electromagnéticas o ultrasonidos -los también llamados ‘dolphin attacks’ o ataques delfín- para jaquear los altavoces inteligentes, como uno más de los dispositivos conectados a ese Internet de las Cosas (IoT) del hogar. «Si empezamos a conectar dispositivos en casa es crucial actualizarlos para intentar esquivar vulnerabilidades», esgrime.

También recomienda cambiar la clave de activación (‘Alexa’ o ‘Hey, Google’). Se puede modificar la clave del rúter o establecer dos redes wifi para aislar al asistente de otros dispositivos. «La respuesta de ‘no tengo nada que esconder’ es muy recurrente cuando se habla de la privacidad», admite García, «pero los ciberdelincuentes no te atacan porque seas una persona concreta. La mayor parte de las veces quieren cometer fraudes a través de tu nombre o sonsacarte datos bancarios».

La apuesta del control por voz, coinciden los expertos, se consolidará a lo largo de 2021. Ruth García cree que crecerá por la vía de la domótica, es decir, la automatización del control de los electrodomésticos y otros elementos del hogar: «Ya se puede interactuar por voz con aspiradores o frigoríficos, pero avanzamos hacia una implantación masiva».



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