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Descubren esqueleto fósil de antepasado humano que se balanceaba entre árboles

Descubren esqueleto fósil de antepasado humano que se balanceaba entre árboles


Una parte de Pie Pequeño en 2005. Se necesitaría más de una década para que el objeto real estuviera completamente excavado.

Una parte de Pie Pequeño en 2005. Se necesitaría más de una década para que el objeto real estuviera completamente excavado.
Foto: MUJAHID SAFODIEN/AFP via Getty Images (Getty Images)

La articulación fosilizada del hombro de un homínido primitivo llamado “Pie Pequeño” sugiere que la especie que caminaba erguida también era capaz de columpiarse entre los árboles, una habilidad que despareció hace mucho tiempo en los humanos modernos.

Hace unos 3,7 millones de años, en lo que hoy es Sudáfrica, un pariente humano atravesó dos momentos evolutivos: nuestra propensión a pasar tiempo en los árboles y nuestra preferencia emergente por caminar sobre el suelo. Ese espécimen, llamado StW 573 o Pie Pequeño, era un Australopithecus prometheus. El fósil fue excavado por completo en 2018, más de 20 años después de su descubrimiento, cuando los paleontólogos terminaron de extraer el fósil de la brecha en la que estaba atrapado. Inmediatamente, Pie Pequeño ofreció un vistazo notable a los orígenes humanos.

La investigación que describe la morfología de la articulación del hombro ha sido publicada en el Journal of Human Evolution. El equipo de investigación inspeccionó la cintura pectoral de Pie Pequeño: literalmente, el omóplato y la clavícula de la muestra. Al comparar la formación de la faja con la de otros parientes humanos, incluidos algunos de los grandes simios, el equipo descubrió cómo se movían Pie Pequeño y otros de su especie.

“Al comprender cómo se estructuran las articulaciones de los hombros de los primeros homínidos y, en términos más generales, cómo sus omóplatos son capaces de moverse en sus torsos, podemos comprender cómo usaron sus extremidades superiores mientras interactuaban con el medio ambiente”, dijo Kristian Carlson, especialista en biología antropológica de la Universidad del Sur de California y autor principal del estudio, en un correo electrónico. “Esta es una pregunta crucial durante este período de nuestra historia evolutiva”.

En su forma sutil, la forma pectoral de Pie Pequeño indicó a los investigadores que el homínido sí explotaba los árboles para su supervivencia, quizás para adquirir una comida o para evitar convertirse en una. Eso se alinea con la investigación del año pasado sobre las vértebras del espécimen, que sugirió que Pie Pequeño era capaz de realizar movimientos de la cabeza (útiles para trepar) que van más allá de las capacidades humanas modernas. Dicho esto, Pie Pequeño seguía siendo bípedo, presentando el andar erguido asociado con los humanos. El nuevo hallazgo plantea una comparación interesante con Ardi (un espécimen de Ardipithecus ramidus), un antiguo pariente menos conocido de hace 4,4 millones de años. Los paleoantropólogos sugirieron recientemente que las manos de Ardi estaban diseñadas para columpiarse en los árboles, aunque algunos expertos no estuvieron de acuerdo, diciendo que Ardi era más parecido a un humano que a un simio. Aunque el registro fósil está lo más osificado posible, las conclusiones extraídas de los huesos que extraemos del suelo siguen siendo inconstantes. Tomará algún tiempo ver si las interpretaciones del estilo de vida de Pie Pequeño, extraídas de estos huesos del hombro, se mantienen.

Los huesos de Pie Pequeño sugirieron que no había perdido su capacidad para balancearse entre los árboles.

Los huesos de Pie Pequeño sugirieron que no había perdido su capacidad para balancearse entre los árboles.
Ilustración: Amanda Frataccia

La forma pectoral de Pie Pequeño es la evidencia más temprana de una estructura esquelética tan cercana a cuando los homínidos se separaron de los antepasados ​​de simios y bonobos. Ese miembro superior es una pieza crucial del rompecabezas, aunque Carlson explicó que solo puede decirnos algunas cosas, no toda la información acerca de su especie.

“Incluso siendo tan especial como es Pie Pequeño, es solo un individuo”, explicó. “Si bien todavía estamos investigando intensamente otras regiones anatómicas del esqueleto de Pie Pequeño, también debemos continuar apreciando la creciente variabilidad morfológica que parece existir dentro del registro fósil de homínidos primitivos, por ejemplo en Australopithecus”.

Basado en sus comparaciones, el equipo de Carlson determinó que la estructura del hombro de Pie Pequeño puede ser un buen indicador de cómo se veía esa estructura en parientes humanos aún mayores, en el marco de tiempo de 7 a 8 millones de años. Pero hasta que eso suceda, parece que estamos atrapados con uno de los fósiles de australopitecinos más completos jamás encontrados, cuyo análisis continuo revela nuevos detalles y teorías con cada pasada.



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