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Bitcoin: el riesgo de lo etéreo

Bitcoin: el riesgo de lo etéreo


Si hablamos de Bitcoin, seguro que el nombre de James Howells no te suena de nada. Lógico, pues no es un reconocido inversor, un evangelista de las criptomonedas ni alguien que se haya hecho multimillonario gracias a ellas. Aunque, en realidad, solo un despiste hace ya unos años y unas cuantas toneladas de basura le impiden formar parte de esta última lista. Algo de lo que, para su desgracia, es consciente todos y cada uno de los días de su vida.

Podemos conocer la historia de James Howells en el New Yorker, y es una historia de las que le hacen a uno tirarse de los pelos. Y es que allá por 2013, cuando el valor del Bitcoin empezaba a crecer (llegó a cotizar por 1.000 dólares a finales de ese año), Howells se deshizo accidentalmente de un disco duro que, según afirma Howells, entre otros activos digitales contenía nada menos que 7.500 bitcoins. Sí, has leído bien, al cambio en este momento hablamos de 329.871.747,60 euros.

Desde entonces, no obstante, Howells no ha renunciado a su fortuna en forma de monedero de Bitcoin desechado accidentalmente. Desde hace algún tiempo ofrece recompensas multimillonarias a cambio de poder recuperar su tesoro, e incluso hay llegado a contactar con las autoridades del municipio de Gales en el que reside, y al que corresponde la gestión del vertedero en el que acabó el disco duro que, desde entonces, le ha quitado el sueño a este trabajador del sector tecnológico.

Bitcoin: el riesgo de lo etéreo

Y lo de que le ha quitado el sueño no es una manera de hablar. Según él mismo afirma, no pasa un solo día de su vida en el que no piense en ello y, según sus propias palabras, «Para ser honesto, me destruye el alma […]. Cada segundo del día estoy pensando en lo que podría haber sido». Porque, claro, es imposible no tener algo así muy presente. Imagina haber tenido un monedero de Bitcoin con tal cantidad (recuerdo, 7.500), perderlo por accidente y, a partir de ese momento, ver como su revalorización parece una gráfica de ascenso al Himalaya.

Su plan para recuperar el disco duro con el monedero de Bitcoin pasa por excavar un vertedero de 250 metros de ancho y 250 de largo por aproximadamente 15 metros de profundidad. Dicho de otra manera, 937.500 metros cúbicos de basura. Algo a lo que las autoridades locales, aún frente a la posibilidad de obtener unos cuantiosos ingresos extra si lo permite y la búsqueda es exitosa, se niegan en redondo, pese a los intentos de persuasión por parte de Howells, por los terribles efectos medioambientales que podría tener dicha operación.

Esta historia, claro, nos recuerda otro de los riesgos inherentes a Bitcoin y el resto de criptomonedas, y es el riesgo de perder un activo digital por accidente. En algunos casos estas historias tienen final feliz, pero en otras, como apunta a que va a ser el caso de este ciudadano galés, no parece que se vaya a producir un giro en los acontecimientos que le permita recuperar su fortuna en formato de Bitcoin. Perder un medio de almacenamiento nunca había tenido un precio tan alto.



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