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Así despegaba el animal volador más grande conocido

Así despegaba el animal volador más grande conocido


Concepción artística del Quetzalcoalus vadeando en el agua.

Concepción artística del Quetzalcoalus vadeando en el agua.
Ilustración: James Kuether

Con una envergadura alar de 12 metros, el Quetzalcoalus es sin duda una de las criaturas más extraordinarias que ha vivido en este planeta. Este dinosaurio alado era capaz de volar, pero hasta ahora era un misterio cómo lo hacía. Concretamente era un misterio como era capaz de despegar.

El Quetzalcoalus vivió hace 70 millones de eños, en el Cretácico y es el animal volador más grande descubierto por la ciencia hasta ahora. Lo descubrimos en los años 70, pero hasta ahora sabíamos muy poco sobre él. Una nueva monografía sobra la criatura separada en cinco estudios diferentes que acaban de publicarse en Journal of Vertebrate Paleontyology nos da la imagen más detallada que hemos tenido hasta ahora de este enorme dinosaurio volador.

“Decir que este trabajo ha sido uno de los más esperados de la peleontología es quedarse corto”, explica el paleontólogo de la Universidad de Texas Darren Naish, no vinculado al estudio. “El estudio arroja nueva luz con muchos detalles sobre la familia a la que pertenece el Quetzalcoalus y probablemente se convierta en la referencia en este campo durante años, quizá décadas”.

La monografía repasa el descubrimiento de la especie, su distribución, hábitat, características físicas y taxonomía, su árbol evolutivo, y un análisis de su morfología funcional. En este último estudio, los científicos reconstruyen el esqueleto del Quetzalcoalus y su posible rango de movimientos. Hasta ahora, todos los huesos del Quetzalcoalus que se han encontrado han aparecido en un mismo lugar: el Big Bend National Park en Texas, y actualmente se conservan en la colección de Paleontología de Vertebrados de la escuela Jackson de Geociencias, en la Universidad de Texas. Esos huesos son los que han hecho el estudio posible.

Lo primero que descubrieron es que los huesos más pequeños no correspondían a ejemplares juveniles del Quetzalcoatlus northropi sino a dos nuevas especies llamadas Quetzalcoatlus lawsoni and Wellnhopterus brevirostri. El primero, llamado así en honor del descubridor de estas criaturas, Douglas Lawson, tiene una envergadura de entre 5 y 6 metros.

Reconstrucción paso a paso de cómo se izaba en el aire el Quetzalcoalus.

Reconstrucción paso a paso de cómo se izaba en el aire el Quetzalcoalus.
Gráfica: Kevin Padian et al, 2021 / John Conway

Los Pterosaurios, sean grandes o pequeños, “tienen grandes huesos pectorales porque es donde se sujetan los músculos que hacen posible el vuelo, así que no cabe duda de que eran magníficos voladores”, explica Kevin Padian, profesor emérito de la Universidad de California Berkeley y co-autor del estudio morfológico. Sin embargo, averiguar cómo despegaba el Quetzalcoalus ha sido todo un reto. Apenas se conserva una docena de huesos de adultos, así que los investigadores han aprovechado que existen cientos de huesos de ejemplares jóvenes para crear una reconstrucción parcial que les permita hacer inferencias sobre los ejemplares grandes.

Las hipótesis previas sugerían que el Quetzalcoalus se lanzaba hacia adelante como un murciélago o corría y movía las alas como los albatros para echar a volar. El estudio morfológico que la criatura era más bien de despegue vertical. Se ponía en cuclillas y saltaba en el aire alrededor de dos metros y medio. Entonces era cuando comenzaba a batir las alas.

Eso encaja con el contexto geológico de Big Bend, que durante el Cretácico era una región boscosa con abundante vegetación. La especie más grande de Quetzalcoalus tenía un estilo similar al de las garzas actuales, cazando en solitario en ríos y arroyos. Los investigadores sospechan que las especies más pequeñas como el Q. lawsoni eran sociales y vivían en bandadas. Por eso sus huesos han aparecido juntos y en gran número.

Sea como sea, los Quetzalcoalus (que ni eran pájaros ni son el origen de los pájaros modernos) eran probablemente picoteadores acuáticos que usaban sus largos picos sin dientes para capturar cangrejos, moluscos y gusanos que habitaban en el fondo de aquellos ríos y lagos.

Aún nos queda mucho por averiguar del Quetzalcoalus, como cuál era exactamente su dieta, como caminaban, y cómo se las apañaban para evitar depredadores. Es difícil imaginar a un depredador tan grande como para atacar a un Quetzalcoalus, pero en el Cretácico es muy posible. El último trabajo es un paso maravilloso para que podamos aprender más sobre estas criaturas que hoy en día casi parecen extraterrestres.



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